
Esta semana era inevitable salir a la calle y darse cuenta que nos acercamos peligrosamente al agosto del Corte Inglés… Las Navidades. Luces en la calle, escaparates repletos de artículos y de Papa Noeles gordos que parece que no se han enterado de eso de la crisis, y por supuesto algo de ilusión infantil, que de eso algo también queda. Para estas fechas siempre me pongo algo nostálgico recordando mejores tiempos, aquellos cuando esperaba juguetes como el Burro Rodeo, uno de Los Caballeros del Zodiaco, o un simple balón de fútbol con la casa llena de gente en Nochebuena y los ojos abiertos como platos. Sin embargo no es esa nostalgia la uqe tengo más presente ahoa de mayor.
Tengo una mala costumbre, y es la de echar de menos a personas que ya no tengo cerca por una razón o por otra. Digo que es mala, porque es una sensación que me genera en esa nostalgia de la que principalmente hablaba. A lo largo de años he conocido gente que por unas razones o por otras ya no veo y que me gustaría volver a ver. También hay un buen “puñao” de personas que se han enfadado conmigo o yo con ellas, y que en estos días me apetece tomar la carretera de la reconciliación y dejar aparcados los malos rollos. A veces me paso de ingenuo y de inocente, otra de las malas costumbres que soporto, pero es un sentimiento inevitable acordarme hasta de aquellos.
En un año extraño, que no malo, voy a escribir el primer post navideño el 30 de noviembre…, no tengo perdón. Así que cuando llegue la verdadera época de los turrones, y toda la pesca, ya volveremos al tema, que por ahora ya está bien.







