
Le falta el látigo
Me hace gracia cuando pongo la televisión y veo un montón de programas distintos, pero que vienen a hacer lo mismo: enseñar a educar a los niños (o perros, que para algunos es casi lo mismo, y sino mirad el Encantador de Perros…) mediante técnicas de psicología infantil, pedagógicas y tal y pascual. Por supuesto los chavales que salen en esos programas, y que son malos-malísimos, en un par de horas ya están recitando poesía y cantando canciones a sus orgullosos y aliviados padres. Todo bien, perfecto. ¿Pero qué pasa cuando a quien se debe educar es a los padres?
Al comenzar a escribir he puesto la analogía de que hay personas que cuidan a sus perros como si de un hijo propio se tratase, y mucha gente es de la cuerda opinión que cuando un perro se desmadra, la culpa no la tiene el animal, la tiene el dueño que lo mal educa y le consiente. En el caso de padres con niños problemáticos, la raiz de muchos problemas de conducta que tienen los chavales hay que buscarla en sus padres. Hay un problema en esta sociedad tan rápida e injusta en la que nos movemos: No se tiene tiempo para nada, y a veces los problemas que acechan alrededor de una pareja son tan preocupantes y serios, que el disponer de un rato para estar con los hijos y dedicarles el esfuerzo básico de educarlos, es casi sobrehumano. Pero no hay excusas. Además hay una cuestión impepinable… a los niños problemáticos no les puedes poner bozal y lo peor es que crecen con sus problemas.
¿Será por medios para encauzarlos? No hay excusas.