
Parece mentira que Elena Anaya tenga ya sus bien llevados 33 años. Pero el tiempo no pasa en balde ni para actrices del “talento interpretativo” de la palentina. Tengo que entrecomillar muchas cosas, porque realmente, aunque no es que sea una actriz tan nefasta como Paz Vega, vive del morbillo que da y de lo guapa que es. Las cosas claras y el chocolate espeso. Y es que saltó a la fama con la película Lucía y el Sexo, en la que interpretaba a una aprendiz de Lolita que casi casi estuvo a punto de eclipsar a la mentada Paz Vega.
Por increíble que parezca, Elena ganó varios premios por esa interpretación, que la pusieron en el punto de mira de directores como Pedro Almodovar o Amenábar. En cualquier caso, parece que las luces y el dinero de Hollywood le llamaron más la atención que el buen cine, y se enroló en la superproducción Van Helsing, como una vampira que estaba de rechupete. Aunque parezca que me meto mucho con ella por sus dudosas cualidades como actriz creíble, gracias a Dead Fish obtuvo bastante reconocimiento en el panorama cinéfilo europeo y gracias a ello tuvo la oportunidad de colaborar en producciones españolas del nivel (económico…) de Alatriste.
Pero parece que Elena sigue queriendo seguir los pasos de Paz y de “Pe”, y sigue empeñada en destacar de alguna manera en los Estados Unidos. Lo más reseñable, según la wikipedia, es una colaboración en un videoclip de Justin Timberlake, por la que me figuro que no aspirará a ningún Oscar. Su último trabajo es sin embargo en España, con Solo quiero caminar, de Agustín Díaz Yanes. Así que si sois fans de ella, podéis seguirla en su página Web, en la que nos cuenta su obra y milagros, así como un bonito apartado de sus mejores fotos, que para qué engañarnos, seguro es el apartado más visitado de la web.
