
No pensaba en nada y a veces cuando tienes la mente en blanco es cuando mejor te llegan ideas o recuerdos que tenias más que olvidados. En esta ocasión me llegaron a la memoria un par de anécdotas graciosas que nos pasaron a mi grupo de amigos un sábado como este, hace años cuando íbamos como locos buscando chicas en todos los bares de la ciudad. Estoy seguro que alguno que lea el artículo se verá reflejado, no diré nombres reales tranquilos…, lo que espero que a mas de uno se le dibuje cierta sonrisa cómplice en la cara cuando lea esta en concreto:
“Cierta noche nos decidimos a salir por el Casco Viejo, por uno de esos bares repletos de gente, con el alcoholímetro dispuesto para estallar en cualquier soplido, y con el ruído de las risotadas confundiéndose con la música pachanguera de turno. Entramos cuatro amigos decididos a ligar con alguna chiquilla incauta que se dejara embaucar con nuestra verborrea y para sorpresa de todos, el bar estaba llenos de chicas. Altas, bajitas, rubias, morenas…, daba igual, teníamos 19 años y un bar repleto de mujeres, ¿qué más podíamos pedir? Bueno, un par de cubatas y alguna cerveza, es cierto, pero es que el cuerpo y el ánimo se entonan mejor así cuando hay que templar nervios.
Nos dirijimos valientes hacia el primer grupo más cercano a la barra. Charra que te charra, tontadas que van y vienen, risas sin talento ninguno…, Todo nos daba optimismo aquella noche. Como si de una manada de lobos con la estrategia bien preparada, habíamos cubierto todos los flancos de posible escapatoria para aquellas gacelas (media borrachas ya) en las cuales habíamos puesto nuestra confianza. Miré a mi alrededor buscando a un amigo al que había perdido de vista. A la tercera ocasión que intenté ver algo entre el humoroso horizonte lo pude distinguir hablando con una chiquilla en plan asedio. A la media hora se me acercó alguien por detrás y cuando me giré allí estaba mi amigo. Lo vi como pálido y le pregunté qué ocurría. Ahí me la soltó como un latigazo: “Tío, es una despedida de soltera, me he enterado que todas del grupo con el que hablais están casadas, ¡y con la que me he intentado enrollar es la que se casa!
Fracaso completo, pero a los 19 -20 años son anécdotas que luego te sirven para echarte unas buenas risas. Seguro que a todos nos ha pasado una u otra en esa “guerra de sexos” que son los bares en los sábados por la noche, ¿os animáis a contar alguna?