Nada menos que el Gurú del Buen Rollo (de Mike Myers) es simplemente horrenda XD
Nada menos que el Gurú del Buen Rollo (de Mike Myers) es simplemente horrenda XD
Soy un romántico y no lo puedo evitar. La noche siempre me ha lanzado ideas que me he visto obligado a recoger casi en cualquier momento, sin importarme las ojeras, el sueño, o las obligaciones del día siguiente. Algo tiene que tener. Pero aunque es fácil imaginarlo, no es tan fácil explicarlo, aunque en ocasiones creamos que es obvio.
Te sientas tranquilo, sin ruidos molestos, sin gente hablando a tu alrededor, con la simple intención de descansar del día, de todo. Te zambulles en un río de pensamientos que te hacen dilucidar historias, planes, locuras… Todo tu vida pasada, presente y futura, se agolpa en tu cabeza cuando solo, en la semioscuridad de un cuarto alumbrado con una simple bombilla, la noche te permite centrarte solo en ti y en tus pensamientos. Y es entonces cuando todo fluye. La mayoría de las veces no pasa nada, pero hay días en que ocurre, en que esa musa te persigue hasta que desempolvas el bolígrafo, la pluma o el teclado, y escribes, escribes, escribes…, sin saber casi ni qué quieres expresar. Es entonces cuando te paras a razonar sobre esto, y ahí termina la magia. Porque la inspiración termina con el razonamiento, al menos la inspiración que nos nace sin pensar en ella, la que nace en medio de nuestros pensamientos más profundos.
Yo mismo lo he probado alguna que otra vez, con resultados desiguales. Me he sentado frente al ordenador, y en medio de la nada, solo conmigo mismo, he comenzado a escribir sin parar, – tal vez lo esté haciendo ahora.-, sin pensar qué siginifican todas estas palabras apretujadas contra frases y párrafos. Qué más da, es nuestra esencia la que se refleja, sin orden ni concierto, rodeada por la noche y la magia que nos hace sentir.
Las ideas geniales surgen del trabajo, del esfuerzo porque aparezcan, pero la noche nos inspira las verdaderas historias, la inspiración en estado puro, nosotros mismos frente a nuestra musa. Y eso es lo mágico. Que salga bien o mal, ¿a quién le importa?

Hace un tiempo el arte en estado puro tomó forma en la ciudad de Zaragoza. Con mucha dosis de atrevimiento y con una calidad que aún me sigue asombrando el grupo de arte urbano Tercer Asalto, dibujó sobre tabiques de hormigón una obra de arte en pleno centro de la ciudad, camino de la Plaza del Pilar, en la calle Alfonso. Como véis en la imagen, la imaginación, la denuncia social, el atrevimiento y la originalidad, tiñeron de color las oscuras paredes de una casa casi en ruinas. Desde que terminaron su obra, creo que casi todos los visitantes y vecinos de Zaragoza nos hemos parado a observarla con detenimiento y casi con la boca abierta. Es un lienzo vivo, o al menos lo era. La concejalía de urbanismo parece que no entiende de arte, y pese a las protestas de sus compañeros de cultura, y de otros grupos de artistas zaragozanos, hace unos días cubrió de sombría pintura gris todo el edificio.
Consiguieron matar una obra de arte que se salía de toda consideración de gamberrada callejera, simplemente con observar un momento la imagen que he colgado y que yo mismo fotografié creo que queda bien claro. ¿O acaso no tenemos sensibilidad para apreciar lo artístico? Parece que algunos con corbatas y aires de superioridad se vieron con derecho a tapar el punto de luz que siginificaba esta obra en medio del casco viejo de la ciudad. En cualquier caso todavía quedan más obras repartidas por sus oscuras y estrechas callejuelas, y cualquiera que pasee por ellas se podrá dar cuenta. Es una pena que este gran mural haya desaparecido, y desde aquí animo a la gente de Tercer Asalto para que rehagan uno en su lugar, porque el arte urbano, y los zaragozanos nos merecemos pasear con la boca abierta por las calles de nuestro casco viejo.
Al que no le de buen rollo después de escuchar y ver el nuevo videoclip que sirve de single para el nuevo disco de Luter, Añicos, es que está muy malhumorado
Título de la canción: Esperpento
Más información de Luter: www.luter.es
Para quienes no seáis aficionados al ciclismo y además no seáis de Aragón seguro que os suena raro eso de “Quebrantahuesos”, pero esta palabra da nombre a una de las pruebas cicloturistas más increíbles que hay en toda Europa y que atraviesa los más duro e impresionante del Pirineo. Olvidaos de las mariconadas del spinning, y de salir a hacer kilómetros con vuestros amigos, la Quebrantahuesos hace honor a su nombre. Es una prueba dura, donde la mayoría de los participantes buscan acabarla cueste el tiempo que cueste, lo importante no es la competición, lo importante es disfrutar de la montaña y de la bici.
Este año la prueba cumple 18 años, y seguro que volverá a ser un éxito de participación. Amantes de la bicicleta, exprofesionales, cicloturistas o sencillos valientes que respetan las montañas disfrutando con cada pedalada y cada gota de sudor. Todos podemos participar, a partir de 18 hasta la edad que se quiera, seas hombre o mujer, frente a la montaña todos somos igual de vulnerables encima de una bicleta.
Así que os invito a conocer algo más sobre esta gran prueba cicloturista que atraviesa los Pirineos y si os apetece un año nos vemos por allí.
Más información: Quebrantahuesos 2009
Ya hacía días que no hacía un Meme, pero me ha llegado por varios lados y lugares y por las personas que me lo piden no me puedo negar, así que allá lo tiro:
3 Cosas que me gustaría hacer:
3 Cosas que No me gustaría hacer:
Y no se lo paso a nadie que no se anime a repetirlo, esto como todo es libre para que quién quiera pueda seguirlo
Lo escribí hace bastante tiempo, pero en estos tiempos que corren me apetecía publicarlo para todos los que pasáis por este blog. Es un homenaje a las víctimas y a los que, sin pistolas, van a ayudar a los más desfavorecidos golpeados por una guerra estúpida. Espero que os guste leerlo tanto como a mí escribirlo.
La ventana se abrió. Lentamente dejó que su mano izquierda se asomase por ella. Corría cierta brisa típica de los despertares más idílicos, y sus dedos parecían bucear por el infinito. Abrió un ojo y después el otro. Había nubes que amenazaban la paz del cielo. No era tan idílico como había creído por mucho que se empeñaran algunos poetas románticos el describir las terribles tormentas y los rayos amenazantes como odas a la desesperanza por el amor perdido. A él le parecían días pesados, tristes, con cierto grado de melancolía que hacía de cada movimiento un eterno crispar de agujas sobre su piel.
Sin embargo debía levantarse de aquella mullida cama. Menudo tormento. El piso estaba frío, no le costó mucho tiempo llegar a las zapatillas. La cocina desprendía aromas entremezclados de zumo y café. Siempre había preferido el oro negro brasileño, no solo le despertaba los sentidos, sino que su poderoso sabor le había encantado desde que de pequeño probó, casi a hurtadillas, un caramelo de café con leche que su madre llevaba guardado en su bolso.
Saludó a María. Un beso, un “¿Has dormido bien?”, a penas un cruce de miradas. María tenía malhumor al despertar. Su hermana poseía un carácter dulce y amable, pero las mañanas…, las mañanas mejor estar lejos de ella. Sin embargo, él no podía dejar de mostrar aquella típica sonrisa del que ha sido bendecido por Morfeo con unos sueños placenteros, que si bien no recordaba, le habían dejado un regusto a felicidad que aún no había olvidado. Una cucharilla, el azúcar en su taza gris, y un bollo eran los compañeros de su primer café desde su regreso a casa. Parecía que había pasado una eternidad desde que marchó con una maleta repleta de ilusión y un poco de ropa ha su viaje más anhelado. Pero los meses corren más de lo que muchas veces creemos y los veranos en Gaza no son menos salvajes que su tragedia política y social. Se miró por un momento las manos. Las tenía todavía magulladas. Al terminar el desayuno tendría que ir a por el botiquín, le dolía una herida que se produjo manipulando precisamente eso, un botiquín de latón. Cuántos habrían hecho falta para si quiera llegar a curar las miles de heridas que pudo contemplar en los endebles cuerpos de niños, ancianos, hombres y mujeres que no tenían la suerte de, como él aquella gélida mañana, disfrutar de una taza de café con su malhumorada hermana. Se acordó de todos aquellos a los que prestó su humilde ayuda, dejó de sonreír. Curioso el cerebro humano. Es algo extraño la forma que tiene de procesar y guardar la información de nuestra vida, de las cosas que nos pasan, de las situaciones que vivimos. Dicen que guardamos en él una especie de borrado automático de lo que no aceptamos. Memoria selectiva, recuerda la llamaron una vez. Es la manera en que nuestra mente nos protege, en la que intenta proporcionarnos una felicidad en forma de recuerdos que, como si fuera una mágica escoba, fuera eliminando los malos ratos, las imágenes que nos atormentan, los sonidos ruines de una estúpida guerra, de una batalla inapropiada para la decencia. Pero no todo es perfecto, tampoco nuestro cerebro, aunque todo es discutible, ya que sin esos malos ratos vividos, no tendríamos consciencia de lo que es bueno, de lo que es malo, de lo que debemos hacer o no hacer, del alma humana, en sus dos vertientes.
Qué extraño es haber despertado hoy en casa. Su cama, tan alejada de aquella especie de camastro sin lujo en el que pasó tantas noches de insomnio. Las delicadas sábanas que le protegían de un inexistente frío, la soledad de no compartir el oxígeno más que con una pequeña planta que María cultivaba hacía un par de meses. El silencio. Era algo extraño. La guerra era algo extraño. Pero no tenía ni cuerpo ni cabeza para plantearse soluciones a los conflictos mundiales, al menos no con la inquisitiva mirada de María clavada en su nuca al derramar mermelada en el mantel. Qué curioso. Volvió a esbozar una tímida y traviesa sonrisa. Hoy estaba en casa, dentro de dos semanas ya no. El dolor causado por ejércitos de bárbaros era algo tan grande como la reacción humanitaria de las personas que como él, sin pistolas en los bolsillos intentaban paliar esos destrozos humanos que iban dejando a su paso los carros de combate. El silbar de cada bomba dejaba muerte y destrucción pero también daba paso a un río de solidaridad que enfurecido por la injusticia de la guerra intentaba dar luz en donde solo había sombras.
Aquello tenía que acabar. Sabía que terminaría tarde o temprano, que su lucha, la verdadera lucha de unos pocos seres humanos en pro de otros haría que finalizara aquel absurdo y asqueroso conflicto creado por poderosos y adinerados burgueses de las altas esferas políticas. Y una mañana cualquiera, alguien en Gaza levanteará su mano y abriendo la ventana con un leve gesto de muñeca, notará los primeros rayos de sol en su cuarteada piel por trabajar duramente. Correrá a reunirse con su familia para besar a su mujer y abrazar a sus hijos que ríen mientras comen los primeros alimentos del día. Y recuerdará que aquella noche que ya dejó atrás, solo estuvo acompañado de una cómoda cama, el cuerpo desnudo de su mujer y del anhelado silencio.

Hay ocasiones que a la gente que consideras amiga, o que guardas cierto afecto, le hace un clic raro en la cabeza y de buenas a primeras decide decepcionarte, o lo que es peor, mentir o clavarte un puñal por la espalda. Seguro que no exagero si digo que a casi todos nos ha pasado algo así, cuando de repente descubres que has estado haciendo el ridículo intentando ser buen amigo y buena persona con alguien que a la larga te das cuenta que no se merecía ni el más mínimo esfuerzo. ¿Y sabéis por qué pasa eso? Por no tienen lo que hay que tener para en el momento hablar las cosas a la cara, y no estar engañando a la gente teniéndote en ascuas y además haciéndote sentir mal por pensar que tú has tenido la culpa de una situación enrarecida.
Sin embargo al final todas las verdades salen a la luz, y cuando respiras tranquilo porque descubres que no has hecho nada malo, y que la única razón por la que deberías enfadarte contigo mismo es por haber intentado ser buena persona, resulta que sientes alivio por una parte y casi hasta verguenza por otra. Pero no hay nada por lo que avergonzarse, lo importante en esta vida es ser honesto, noble, y no hacer a nadie lo que no quieras que te hagan a ti. Con estas simples premisas os aseguro que se puede andar por la vida sin ningún problema de conciencia.
Una persona a la que consideraba amiga me ha decepcionado profundamente, pero no tengo nada que reprocharme y tengo la conciencia bien tranquila porque siempre actué como debía hacerlo un amigo. Pero considero que en esta ocasión ha metido la pata hasta el fondo, de esas veces que cuesta salir del barro, y desde luego no seré yo el tonto que le tire un cable para hacerle la salida más fácil. Me he cansado de gente que se empeña en decepcionarme y que encima no tiene la humildad y la valentía de admitir sus errores y pedir perdón.
La autocrítica es buena, y también lo es exigirnos lo mejor a nosotros mismos. Es una buena forma de mejorar profesional y personalmente, pero el exceso se convierte en un problema. Hoy he notado esa autoexigencia que a veces me lleva a enfadarme conmigo mismo más de lo que debería. No me gusta hacer las cosas mal o cometer errores, pero las personas tenemos estas cosas, y tarde o temprano metemos la pata en algo. El aprender en estas circunstancias es lo que nos ayudará a no volver a tropezar en la misma piedra, o al menos a no torcernos el tobillo del tropezón.
Siempre he creído poder hacer más de lo que hacía, pero a veces también es bueno asumir las limitaciones o los momentos de despiste que más tarde provocan el llevarte las manos a la cabeza cuando llegan. Casi todo tiene solución. La mejor manera de actuar es con tranquilidad, aunque muchas veces nos cueste. Y soy el primero que no conservo esa pausa cuando tengo despistes que no debería, pero hay que intentarlo.
Es bueno exigirse el máximo, pero teniendo la tranquilidad y la calma al descubrir errores, lo importante es usar la sensación del error en tu propio beneficio no en tu contra, y aprender de ellos en vez de darle vueltas pensando si lo hubieras podido hacer mejor.

Desde el día 27 de noviembre 2008 hasta el día 8 de marzo del 2009, en el Centro de Historia de Zaragoza se va a organizar una serie de exposiciones del ciclo Zaragoza Latina, y este año se ha escogido a la capital de Argentina para ser la ciudad hermana con Zaragoza. Exposiciones relacionadas con el arte, la música, la historia, e incluso el fútbol en Buenos Aires se verán reflejadas y complementadas con diversos actos como conciertos musicales en locales de la ciudad para dar a conocer esta fantástica ciudad sudamericana. Como tengo amor por Argentina, y en especial por Buenos Aires no seré yo quien falte a esta cita en el Centro de Historia.
Para los que estéis interesados en saber cuál es el programa completo de este Zaragoza Latina, os dejo este link.