Un día tras otro caminas por las mismas calles, te cruzas con las mismas caras, y saludas de la misma forma indiferente a compañeros o amigos que te encuentras a o largo de cada jornada. Piensas las mismas cosas, te emocionas con la misma intensidad, y te enfadas por razones idénticas que te hicieron enojar ayer. Todo es igual, nada cambia. Existen momentos de evolución, que son aquellos en los que miramos al frente y vemos un punto al que ir, al que encauzar nuestro torrente de energía. Hay otros en los que miras todo lo lejos que pueden alcanzar tus ojos y no ves nada. Te esfuerzas por alcanza un punto de referencia, un faro en la lejanía que sirva para guiarte y te proporcione moral y energías para luchar y llegar hasta él. De cualquier modo, siempre hay movimiento a nuestro alrededor, y el único problema es dejar que toda esa marabunta se detenga y avance en círculos sin saber hacia donde ir.
Hay puntos en la vida en los que al pasar por encima de ellos nos encienden una luz, como si de un interruptor se tratase, y nos hace quedarnos quietos y reflexionar. Nos encontramos en un momento de renovación, de cambio, porque algo no nos satisface y tenemos que usar ese punto de electricidad para reubicarnos y seguir hacia delante. El aburrimiento, el hastío, y la misma manera de hacer las cosas es lo que mata el ingenio y hace adormilarse las ganas de seguir inventando, creando y fabricando nuevos senderos por los que atravesar nuestras vidas.
No hay nada mejor que detenernos en aquel punto en el que sentimos chispazos, positivos o negativos, y pensar en qué estamos haciendo. Podemos renovarnos, seguir de igual forma pero con ánimos y fuerzas nuevas; Podemos cambiar, abandonando las antiguas costumbres, los mismos temas y las misma manera de entender las cosas que has estado creando; Y podemos dejar paso a otras historias que inunden la que irónicamente ya parecía ahogarnos y salir a flote por nuestro propio impulso.
Cambiemos, o no, hacer algo por conseguirlo depende totalmente de nosotros, escribir, gritar, hablar, llorar, soñar, cualquier acción es válida para comenzar ese nuevo capítulo que no hace sino seguir sumando tramas como si de un panel de abejas se tratase.